
Es el actual cronista de un programa semanal que se emite los sábados por Telefe. Antes, había trabajado en Todo X 2 Pesos. Cuando lo convocaron le dijeron: “No importa que no hables bien el castellano, sólo tenés que poner la cara, reírte un poco y listo”. Participó en algunas películas, y también es masajista; preside el Club Norte e integra la Comisión Directiva de la FANA. “Yo me río de mí mismo”, admite.
Hace algo más de tres años, la producción de Todo X 2 $ (programa que se emitía por Canal 7) había convocado a un japonés. Era para actuar en algunos skechts junto a los humoristas Diego Capusoto y Fabio Alberti. “No importa que no hables bien el castellano, sólo tenés que poner la cara, reírte un poco y listo", fue lo único que le dijeron.
Minoru Tajima hoy sabe que es cómico. Siente que al reírse puede cambiarle la cara al que tiene en frente. Pero potencia lo anterior con su castellano atravesado, a veces poco claro para los argentinos. Lo novedoso es que hable y, justamente, no lo entiendan. “Mejor que hable mal. Por eso me llaman”.
Hay palabras que pronuncia perfectamente: “Joda (jodía, jodón, joder, jodíste, jodió), pavada. “A mí me gusta ser cómico –asegura-. La gente se pone contenta”.
Pero no siempre fue así. En 1965, con 20 años, se tomó el barco que lo trajo de Saitama a Buenos Aires. En la Argentina comenzó a trabajar como peón de un floricultor. Debía tener un patrón como garantía y permanecer durante dos años para obtener la residencia. Acá, se sentía solo; extrañaba a su familia. Recuerda que a menudo se tapaba con una frazada y lloraba.
¿Por qué vino para la Argentina? “En esa época era joven y boludo”, confiesa y comienza a reír. “Cuando se es joven también se es aventurero. En el Japón se decía que si uno quería ir a Latinoamérica, mejor la Argentina, después Brasil o Paraguay. Además, contaban que acá había un montón de chicas rubias”.
Después de cuatro años logró independizarse y comenzó a trabajar su propio terreno en Escobar. Cultivaba rosas y claveles. También frutillas, y criaba chanchos. Llegó a tener cerca de 300.
En el 72 vendió todo para volverse al Japón, aunque luego de un año regresó al país porque su señora no aguantó. Así empezó a trabajar como carpintero. Y de Canal 11, en un programa llamado “Los Torterolos o algo así”, recuerda, con Jorge Martínez como protagonista, lo convocaron porque necesitaban a un japonés que dijera una palabra, una pavada: Chanta. “Ahí comencé a figurar como actor porque dije eso solo”.
Todavía era joven. Le pagaban el mínimo como actor y filmaba algunas publicidades. También comenzó a entender ciertos códigos del ambiente. “Una vez trabajé con Jorge Porcel, en la Tota y la Porota. El director me dijo:
-Tajima en este programa no hay guión tenés que reírte nada más.
-Ah, bueno- respondí.
Hice algunas jodas y me la pasé riéndome. Todos estaban contentos, hasta el director. Pero Porcel se me acercó por la espalda y me dijo: - No te pases, no te pases-.
En ese momento no entendí. Todos estaban contentos y él me decía no te pases. Después dije ah, bueno, acá también hay límites. A veces es mejor no entender bien las cosas.
Participó en películas como Comodines (protagonizada por Adrián Suar), Soto Vocce (“en esa época tenía buen físico e hice de luchador de pulseadas”, aclara). También en El Visitante, historia sobre un sobreviviente de Malvinas, y en Esperando al Mesías (dirigida por Daniel Burman).
“En Comodines fui parte de un grupo de turistas japoneses que visitaba la Argentina; y en El Visitante hacía de dueño de un supermercado coreano”, dice. Aunque Tajima san recuerda especialmente su participación en Esperando al Mesías. “Me invitaron al preestreno. Así que llevé a mi señora. Ella estaba contenta porque yo iba a salir. Nos sentamos en las butacas, por el medio de la sala. La película iba pasando y mi señora se ponía impaciente.
-En esta parte salgo- le decía. Y no pasaba nada.
-En esta salgo seguro-, y nada. La película terminó y no aparecí.
-La pucha, qué pasó- pensé. A lo último, en los títulos, salió mi nombre. Había trabajado dos días y únicamente salió mi nombre.
Hace tres años atrás lo convocaron para participar en Todo X 2 Pesos. Y antes del Mundial de fútbol 2002 pasó a Telefe para hacer de cronista de Vale la Pena (sábados al mediodía). “Cuando salimos a hacer notas en la calle, la gente dice: - Mirá, el de Todo X 2 Pesos. A la producción no le gusta. Se calientan”. Agrega que por las calles lo reconocen, lo saludan, le dan la mano; otros se aprovechan y le piden plata.
Durante el evento deportivo, su personaje era el de un periodista que supuestamente hacía reportajes en el Japón. Llevaba una credencial (la misma que lleva ahora colgada del cuello cada vez sale a grabar notas) cuyo nombre era Yamaka Mahrquez.
Su señora, por le momento, lo carga y le dice: - Ahora por lo menos traes plata-, y ríe. “A mis hijos mayores no les gusta. No miran los programas en los que aparezco porque les da vergüenza. A veces los compañeros les dicen: - Che, tu papá está en la televisión y hace de medio p… -. Claro, lo que pasa es que no hago un papel de presidente o algo importante (ríe), y no les gusta. Muchos también me dicen: -¡qué vergüenza vos, japonés, que hacés un papel secundario-. Yo no hago caso. Si hay trabajo no importa”.
Tajima san cuenta que en los castings se encuentra con muchos japoneses jóvenes haciendo cola. “Antes no era así. Es que se trabaja poco tiempo y pagan bien (un día son 150, 200 o 300 pesos). Y sólo hay que hacer pavadas”.
Dice que no anda diciendo por ahí que trabaja en la televisión. Que no quiere hacerse famoso por miedo a que lo secuestren y pidan plata por su rescate. “Yo no tengo plata, no, no, no”, aclara y larga otra carcajada.
-¿Cuándo llega a su casa, vuelve a mirar lo que hizo?
-Mi señora me graba los programas. Y cuando llegó me miro. A veces digo: ¡qué boludo! Yo me río de mí mismo. Tiene que ser así, ¿no? Sino, ¿quién se va a reír?
-¿A veces le da vergüenza?
Lo mío sale de adentro. Además, con una cara chistosa y ojos chiquitos, alcanza. Yo lo tomo con alegría. La vida es una sola y no se puede ser serio todo el tiempo.
“Lo puedo hacer”
Minoru Tajima, además de la televisión, es masajista. Tuvo y tiene como clientes a varios actores, como, por ejemplo, Araceli González. Atiende únicamente a domicilio. Y se queja, aunque mantiene la risa: “Con el corralito de mierda bajo bastante el trabajo”. Fue presidente del Club Norte (hace como siete u ocho años”, asegura) e integra la Comisión Directiva de la Federación de Asociaciones Nikkei en la Argentina (FANA). De su agenda saca fotos. En una se lo ve junto a Adrián Suar, y en otra con Nancy Duplaá. Muchas veces confiesa que va a entrevistar a famosos pero que no sabe sus nombres. “El otro día fuimos a la entrega de los Martín Fierro, en el Hotel Sheraton. Entrevisté a algunos famosos. Conocía sus caras pero no sabía sus nombres. La mayoría son orgullosos, no te dan el apunte. Pero a mí, como me ven la cara de japonés, y medio raro, a veces me contestan. Eso me ayuda. Al principio me daba vergüenza porque hablaba mal, y no sabía qué hacer. Ahora pienso: lo puedo hacer, lo puedo hacer…”, cuenta sin dejar de lado las carcajadas.

