7/20/2009

Un ejemplo de "perfección"

Lo único que puedo decir, ahora, es que este trío, Acá Seca, es lo mejor que he visto hasta ahora.
Algo "loco" es que tienen un disco, Avenido, editado en Japón.







PD: "Mi saquito", gracias por acompañarme. Eternamente agradecido.
PD 2: Esta letra, particularmente, me encanta.

6/25/2009

"Superobaachan"

Octubre del 2001*
Kane Tashima tiene 94 años, una familia en donde -según ella- "son todos buenos", una pequeña huerta para plantar tomates y, además, una historia que la llevó a participar en el Nodojiman Taikai de la Argentina (popular programa de canto producido y emitido por el canal estatal NHK).
Hace 20 años, Kane recibió un paquete con discos compactos que le envió su hermana que vivía en Japón. Ella lo guardó sin abrirlo. Recién lo abrió unas semanas atrás para escuchar los discos, luego de que la convencieron de participar en el Nodojiman. Eligió un tema, se lo aprendió de memoria: Otemoyan, canción folclórica típica de Kumamoto, su provincia, ideal para interpretar. "La canción es muy vieja y nadie la va a conocer -pensó la obaachan-. Puedo equivocarme, que nadie se va a dar cuenta".
El día del festival hizo su interpretación con el acompañamiento de las palmas de más de 3600 personas que presenciaron el espectáculo en el Gran Rex, y con la intención de dedicárselo a su hermana, la misma que le había enviado el paquete con los discos, pero ya fallecida. "¿Y su esposo?", le preguntó el conductor del programa. "Fue atropellado por un coche, luego enfermó y murió", contestó ella, sin inmutarse, como si fuese algo natural.
Un día antes de la tarde en que el público la aplaudió, la producción del programa hizo un ensayo general junto a todos los finalistas, 25 en total, incluida Kane san. Cada uno de los participantes subía al escenario, contestaban algunas preguntas y luego cantaban. Como era un ensayo, se hacían preguntas improvisadas con respuestas, claro, improvisadas. El ensayo comenzó antes de las 10, y a Kane le preguntaron: "¿Qué desayunó?". La obaachan bajó la vista, se quedó muda por unos segundos, porque no le salía la palabra, hasta que, de golpe, contestó: "Reche (leche)".
Marzo del 2002**
El pedacito de tofu permanecía en su labio al tiempo que la obaachan de 94 años, decía: "Mi sueño es volver a Japón". Contaba, además, que le gustaría estar en el templo Nishi Hon Ganji, de Kioto, para rezar misas por sus dos maridos fallecidos.
Ella veía difícil ese viaje (pero lo veía) y, entonces, se contentó con participar en el Nodojiman; con salir en la NHK cantando Otemoyan. Su interpretación obtuvo una mención especial en el concurso, pero, pasado todo el entusiasmo, Kane san volvió con sus tareas cotidianas: ayudar a limpiar en una tintorería de Burzaco, cuidar de su pequeña huerta y rezar oraciones en las misas. El dicho asegura que "los sueños, sueños son", pero el destino o las causalidades quisieron otra "suerte" para la obaachan: viajar a Japón.
El programa Nihon no Yume o Kamaete, una especie de Sorpresa y media versión nipona, del canal TBS, le iba a cumplir lo que muchas veces ella soñó sola, con la cabeza recostada en su almohada. A veces, "los sueños se hacen realidad" y "soñar no cuesta nada".

Junio del 2009***
Conocer su historia es como leer una novela o ver una película, ya que sólo en Argentina vivió más de 75 años, pero Kane Tashima llegó a este país en 1932, con 27 y por un arreglo matrimonial realizado a través de intercambio de fotos (Shashin Kekkon).
Conocía a la familia de su marido Kumao, por lo que no tenía ninguna preocupación, y, con edad de casarse, se despidió de su tierra. Por ese entonces no había muchos vehículos con motor, y sí tirados por caballos, tipo carruaje, y a bordo de uno fue llevada a su “nuevo” hogar. Dice que los primeros días en estas tierras estuvo un poco sabishii (“triste”. Extrañaba su casa de Japón,), dado que el flamante novio, quien había inmigrado a la Argentina tiempo antes, era un hombre típico de Kyushu (compuesta por las provincia de Kumamoto, Kagoshima) -al igual que Kane san- y no le hablaba mucho. Ella no sabía qué hacer.
Tampoco tenia Yofuku (ropas occidentales); solamente Kimonos que había traído de su tierra, pero gracia a sus Senpai (señoras de otros inmigrantes) pudo confeccionar prendas adecuadas a la Argentina y cocinar nihonshooku utilizando productos que se conseguían acá.
Vivió, principalmente, en Córdoba y Burzaco, lugar, éste último, en el que es muy difícil que alguien no la recuerde, ya que ella ayudaba a confeccionar ropas a las pequeñas y sus madres, además de regalarles verduras que cultivaba en su quinta. Obaachan, le decían algunos; María, la bautizaron otros, por sus virtudes.
Los años pasaron y Don Kumao falleció, como así también su segundo marido, Nagae, y Kane san, con sus tres hijos, trabajó y trabajó. “Cuando me di cuenta, ya tenía más de 90 años. Me pasé la vida trabajando”, contó alguna vez.
En el 2002, a los 95, participó en el Nodojiman Taikai, el popular programa de canto de la NHK que se realizó en el Gran Rex. Kane san cantó Otemoyan, una tema folclórico de su tierra natal y ganó un premio especial. Aquella vez, en una entrevista, dijo no saber o tener un secreto para la larga vida. “No sé, pero todos los días -contó- me muevo, trato de hacer cosas que pueda hacer sola”.
Al año siguiente, el programa de TBS ¿Quiere realizar tu sueño? La llevó a Japón, en donde pudo cambiarle los pañales a su sobrino. En el programa de TBS la llamaban la “superobaachan”. Sin embargo, al año siguiente, se cayó, por lo que moverse comenzó a resultarle difícil. Decía que no podía hacer nada, pero era Kane san, la superobaachan, quien, sentada en una silla o con un andador, sacaba los yuyos de su jardín y continuaba cocinando (por costumbre, hacía Tsukemono, y, sobre todo, Umeboshi. En su casa tiene un arbolito de ciruela).
Kane san tuvo siete nietos, los cuales están en Burzaco, Adrogué, Capital, Merlo (San Luis), Chiba y Tokio. Uno de ellos comenzó a estudiar japonés con el propósito de entender todo lo que le decía la Obaachan.
Hace poco, si se le preguntaba cómo estaba, ella, quizá coqueta, respondía: “Muy arrugada”. Se lamentaba por sus 102 años y se quejaba de no poder escuchar muy bien, pero hace un par de meses atrás, antes de una comunicación con Japón, comenzó a contestar rápidamente. Su umeboshi había tenido una gran repercusión en el estudio de la NHK, en donde salió al aire en directo, el 7 de junio. A los conductores les encantaba el umeboshi que ella preparaba y que llegó hasta Tokio. Kane san, lúcida, escuchaba perfectamente, y hasta leía La Plata Hochi con la ayuda de una lupa.
Un día cualquiera se enfermó, quizá porque hacía frío, o ya estaba cansada, pero últimamente estaba muy sabishii. Ya no había tantos compañeros y amigos, y en las reuniones de ancianos eran todos jóvenes. Sí, quizá quería descansar bien.
A la mujer de uno de sus nietos, que no entiende el japonés, le dijo, en japonés, que cuide bien de su nuera (la hija de Kane), que la cuide como si fuese su propia madre. Hasta lo último se ha preocupado mucho por su hija, que también es abuela de seis nietos. En fin, Kane obaachan tuvo tres hijos, siete nietos y ocho bisnietos.
La familia se ha ido agrandando y enraizado en Argentina. Su historia está llena de amor a la familia y afecto de la gente. Se notó en la noche del 16 de junio, en su velatorio, al cual no paraban de llegar japoneses y argentinos.
En la vida particular de Kane san se concentra parte de la vida de nuestra colectividad. Es gracias a gente como ella que estamos nosotros, las nuevas generaciones. Frase trillada, pero cierta: cuidemos a nuestros ojiichan y obaachan. Si están genki, aprovechemos de ellos y agradezcámosles por su existencia.
Gassho (juntemos las manos para rezar) y que en paz descanse, Kane san.






* La Plata Hochi, 11 de octubre del 2001 (Por F.).
** La Plata Hochi, 21 de marzo del 2002 (Por F.).
** La Plata Hochi, 25 de junio del 2009 (por Tomoko Aikawa).

4/10/2009

Para Pascuas

Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.
Aunque tuviera el don de profecía y descubriera todos los misterios -el saber más elevad -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes, si me falta amor nada soy.
Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.
El amor es paciente y muestra comprensión. El amor no tiene celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajeza ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.
No se alegra de lo injusto, sino que se goza de la verdad. Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.
El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías son también algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá.
Cuando era niño, hablaba como niño, pensaba y razonaba como niño. Pero cuándo me hice hombre, dejé de lado las cosas de niño. Así también en el momento presente vemos las cosas como en un mal espejo y hay que adivinarlas, pero entonces las vemos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como soy conocido.
Ahora, pues, son válidas la fe, la esperanza y el amor; las tres, pero la mayor de estas tres es el amor.

Corintios 1:13

4/07/2009

Un relato más noble que una vulgar historia de amor

Para un escritor, todo tiene que ver con todo, pero también, para un escritor, su única patria es la lengua. Partiendo de esas premisas, la belga Amélie Nothomb ha construido una novela, Ni de Adán ni de Eva, la cual se apoya, justamente, en la lengua, en la identidad y en algo parecido al amor.
"Una de las claves del amor es la búsqueda de la identidad. De la identidad propia y la de la persona que amas. Nunca encuentras la identidad de nadie si no la conoces a fondo, y la mejor manera de conocer a alguien profundamente es mediante el amor", dice la autora de este relato iniciático editado en la Argentina por Anagrama.
El periplo, casi en su totalidad, transcurre en Japón, país en el que Amélie personaje-narrador (y también autora) ha nacido y ha vivido hasta los cinco años, para luego ir a Bélgica. Al inicio del relato, sin embargo, la heroína, con 21 años, una inquieta personalidad y unos pocos recuerdos de su primera infancia, espera poder cruzar las fronteras del idioma, además de enseñar el suyo, el francés. Su primer interlocutor será Rinri, oriundo de Tokio, universitario de 20, y que quiere perfeccionar la lengua de Voltaire. Perfilados así, Amélie y Rinri irán intercambiando "charlas", uno en francés, la otra en japonés; comidas, afecto, mucho humor y malentendidos.
Quizá por eso, la Nothomb autora dice: "Creo que cada historia de amor es un malentendido. Y cuando se trata de una historia entre personas de diferentes culturas, el malentendido todavía es peor. Pero es más honesto. Porque lo sabes desde el principio. Entre un chico japonés y una belga, se da por supuesto que existe esa barrera. No lo descubres. Lo sabes".
Ni de Adán ni de Eva, como título, advierte algo. Ambos personajes, desde ya, no son ni pretenden ser como los protagonistas de la creencia bíblica, y sí, en cambio, conforman una relación singular y, principalmente, un acto propio del país de los samurái, que, tal vez, sea "infinitamente más hermoso y noble que una vulgar historia de amor".