¿Quién no quisiera ser pensando en una canción así? Lo que usted merece, de Jorge Fandermole.
¡Buenas noches!
¿Quién no quisiera ser pensando en una canción así? Lo que usted merece, de Jorge Fandermole.
¡Buenas noches!
FRANKENSTEIN dice:
ga, o cuanto menos probó una de las tantas exquisiteces de la gastronomía japonesa. Por eso, no debe resultar tan extraño hoy ver a un lector argentino leyendo con avidez una novela del japonés Haruki Murakami o de Banana Yoshimoto como si fueran las “aguafuertes”de un suburbio porteño.
escaleras también, pero en puntas de pie.
l premio al mejor actor masculino en Cannes 2004. " Me sorprendió su mirada penetrante -contó Kore eda-. Durante el año de rodaje, Yuya ha crecido y ha mudado la voz. Al principio, era un chico tímido, pero, con el tiempo, acabó liderando a los demás. No es del todo sorprendente que Yuya se haya desarrollado en la realidad a la par que su personaje, que deja la niñez y se convierte en adulto. El cine es ficción, desde luego, pero también es un trozo de película en la que ha quedado fijada parte de su vida y de la mía".
ué era tan callada? ¿Era así en la vida real o había adoptado esa actitud para el papel? Durante el rodaje, me di cuenta de que Ayu era muy diferente del personaje que interpretaba. Es una niña llena de vida. A menudo venía a preguntarme qué pensaba Kioko en una escena. Era capaz de bromear con el equipo y meterse en su personaje en cuanto empezábamos a rodar. Tiene madera de actriz".
vé a jugar al parque. Quería ver su comportamiento en grupo, sus capacidades de concentración y de adaptación. Cuando hablé con Kiei no se estaba quieto. Siempre contestaba lo mismo: No sé. No puedo decir eso. A pesar de todo, su rostro y su actitud eran muy interesantes. El problema residía en saber si podría soportar un rodaje de un año. Mi ayudante pensó que era un riesgo, pero ahora creo que hemos salido ganando".
e bien. Durante el rodaje demostró que tenía mucha concentración. Delante de la cámara siempre era muy natural por muy larga que fuese la escena. A menudo me colocaba al lado de la cámara para dar indicaciones a los actores y era capaz de seguirlas sin inmutarse. Es una niña muy capaz.
En Japón, el segundo mercado publicitario del mundo en lo que respecta a millones de dólares en inversión, se pasan comerciales en los que se pueden ver a estrellas como Brad Pitt o Mariah Carey publicitando artículos que, en otros tiempos, eran percibidos como importados de "Occidente", como signos de prestigio, superioridad, en fin, de vicilizad, y que actualmente han sido "domesticados" como parte de la cultura nativa. Es la publicidad y su capacidad para transpasar diferencias culturales.
Ellos parecen una familia… (¿cómo decirlo?) “común”: un padre terapeuta, una madre dibujante de animé, un hijo estudiante de secundario, una hija de primario, dos tíos (o hermanos o hijos, según corresponda) y un abuelo…
Él podría haber sido el general de un Imperio, pero es el capitán de un condado. Podría ser el adúltero que sale de su casa, de su tierra, pero es el Don Juan que se enamora, y que entra en un mundo de pasión, en el corazón de ella, quien podría ser una reina, pero ella es la mujer que le hace ver “la vida” (una parte, en realidad), la que -dice- “sentaría los límites” en que ha de ser amada, aunque para el gallardo, que podría ser el “mayor soldado del mundo”, haya que buscar “un nuevo cielo, una nueva tierra” para verificar el amor, su amor, por ella.
Se dice que los gatos son los menos hipócritas, autosuficientes, y que pueden adaptarse tanto a la vida hogareña como a la calle. Misterioso animal, ha sido adorado por poetas como Charles Baudelaire y Paul Verlaine. Son esas características las que posee Jimmy Mirikitani, un artista de 85 años nacido en Sacramento, pero criado en Hiroshima, que pinta, justamente, gatos.
“Quizá parezca un cuento de hadas. Pero no lo es. De ninguna de las maneras”, advierte el muchacho. El “había una vez…” no tiene lugar en su relato, porque fue el día de su decimoquinto cumpleaños cuando huyó de su casa, fue hacia una ciudad que desconocía y vivió en una biblioteca. Hasta allí cargó con unos pocos objetos personales, pero, sobretodo, con una profecía (o una maldición): “Tú algún día matarás a tu padre con tus propias manos, algún día te acostarás con tu madre y con tu hermana mayor”. No fue un oráculo quien se lo dijo, sino su padre, un famoso escultor y asesino de gatos. Así, el joven, pese a que sabe que “no es fácil convertirse en otra persona”, se rebautiza Kafka Tamura, abandona la residencia paterna, y sigue los pasos de su madre y de su hermana. Él no las recuerda: se habían marchado cuando era niño.
“Entre los dos sumaban doscientos sesenta y tres kilos y, sin embargo, el mundo todavía les seguía siendo ajeno. Ya no caerían otra vez en la trampa de las ilusiones, ahora sabían de sobra que el deseo de llenar el mundo con lo que se expandiera de ellos era tan interminable como su amor. Y así debía ser, parecía recordarle a Rodi el cuerpo de Lina cada vez que ella se sentaba desnuda sobre su espalda y las piernas abiertas le hacían sentir ese beso de lago”.
Editado recientemente en la Argentina, este libro de ilustraciones de Rie Osanai va desde la resignación a la esperanza; del consuelo a la búsqueda; de la soledad a la compañía; del duelo a la felicidad.